Venezuela: ¿El día después de caída de Maduro?


Por Carlos Villota Santacruz

Internacionalista, Comunicador Social y Periodista, experto en marketing político
marketing de ciudad. Coautor del libro “Gobierne bien y hágalo saber” Finalista del
premio ALACOP 2018 en México. Categoría contribución a la democracia.
Integrante de la Asociación Colombiana de Consultores Políticos ACOPOL.

En pleno siglo XXI, Venezuela el que debería ser uno de los países más ricos de la
región se encuentra enfrentando niveles de pobreza sin precedentes, una severa
crisis humanitaria y uno de los más altos índices de delincuencia en el mundo. La
falta de insumos básicos y sustancias químicas, como el cloro para tratamiento de
agua, ha dado lugar a un aumento de las enfermedades transmitidas por el agua. Lo
peor es que la alta migración de sus habitantes a América Latina, Europa y Estados
Unidos, abrió “la ventana” a un problema de salud pública, que a esta altura del
año 2019, tiene pronóstico reservado.

Un hecho de orden internacional, que está en la mira del mundo por sus efectos
directos y colaterales desde el campo económico, social y político, En palabras del
Secretario General de la Organización de los Estados Americanos OEA Luis
Almagro, lo que se ha registrado en el país que está en “boca de todos, es una
tensión entre la ética y la política. Líderes que abusaron del poder”.

El enfrentamiento entre las ramas del Estado ocasionó el fracaso del sistema
político y una ruptura de la gobernabilidad, lo que a su vez agravó las condiciones
económicas, sociales y humanitarias del país. La inflación llegó a cifras nunca antes
registradas, al igual que la disminución del Producto Interno Bruto. La deuda
externa superó los 500.000 millones de dólares, es decir, el equivalente a 18 años
de exportaciones de petróleo.

Bajo ese panorama, la caía de la “dictadura” de Nicolás Maduro no sólo se aceleró
por cuenta de sus errores a la hora de Gobernar, de alejarse de la democracia, sino
que lo que se abre paso, es el “día después” que el hecho se cristalice, que será
aplaudido por todos y cada uno de los ciudadanos que salieron de su país, en

búsqueda de un mejor mañana. O simplemente, para sobrevivir y alejarse de una
realidad que “más que una pesadilla”, fue la desintegración de la familia.

Lo que se abre paso, es reconstruir el país. Lo primero es tener el “faro” por parte
del autoproclamado presidente de transición democrática Juan Guaidó el “respeto
a los derechos humanos y libertades fundamentales; el acceso al poder y su
ejercicio con sujeción al Estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas,
libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto, el régimen plural de
partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes
públicos”.

Se requiere un auténtico diálogo político y rodear a un hombre como Guaidó que
salió a la calle a protestar para hacerse oír. Pero por sobre todo, supo interpretar a
la luz de la Constitución, el “vacío de poder” en Miraflores. Se debe pasar de la
protesta a la acción. A darle vida a la separación de poderes. Elemento
fundamental de una democracia.

De entrada, deben comenzar a actuar los poderes legislativo, ejecutivo y judicial,
bajo su su propio conjunto de responsabilidades y atribuciones, para prevenir la
concentración del poder y disponer de mecanismos de control y equilibrio.

Bajo esta hoja de ruta, Venezuela podrá frenar poco a poco, un estado perpetuo de
lucha civil. También darle la vuelta a la página, del colapso de una gestión de
gobierno, acompañada por la corrupción endémica que se extendió como una
“plaga”.

Los ciudadanos que somos demócratas en el mundo queremos lo mismo. Una
solución pacífica a la crisis en Venezuela. La vuelta al orden institucional. El fin de
la crisis humanitaria. Estabilidad, alimentación, salud y seguridad adecuados. Un
proceso eleccionario ordenado, es la mejor respuesta a la violencia que por año ha
acompañado a Venezuela, que ha privado a sus ciudadanos de su derecho a elegir a
sus líderes .nacionales y locales- libres de intimidación.

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