Pedro Gonzalez / Testimonio AIMY

Pedro Gonzalez
Cuenta una bellísima historia, cuando fue uno de los primeros “gamines” que llegó con escasos 6 años en 1958 al Albergue Infantil de Bogotá. A su salida del Albergue a los 17 años, viaja a los Estados Unidos, se casa y trabaja en la casa de Diane Von Fustemberg donde con su esposa Carmen conocen entre otros a Carolina de Mónaco, Henry Kessinger, Barbara Walters y muchos mas. Hoy es representante para América Latina de la compañía americana Shuffle Master y es la persona a quien se reportan todas las oficinas del área Larina.

He aquí su historia.

Por el año de 1958, un niño llamado Pedro Gonzalez, de 6 años y medio, quedó abandonado por sus padres en las calle de Bogotá. Unos días después la policía lo recogió cuando dormía entre periódicos en la Plaza de Toros. Lo llevaron junto con otros niños a la Estación 6ª de policía, para trasladarlos luego a las Granjas del Padre Luna. Por alguna casualidad, seguramente por ser el más pequeño, Pedro, no fue enviado con el resto de niños y conversando con el oficial, éste le comentó que había otra alternativa para él, ya que acababan de abrir un albergue para niños, en el garaje contiguo a ellos y que él iba a hablar con la señora para que lo aceptara. La señora era Yolanda Pulecio quien recientemente había sido coronada como Señorita Cundinamarca y su meta después del concurso, era abrir un albergue para todos los gamines de Bogotá. En su entrevista Pedro le explicó, que aunque tenía casa en el campo, no sabía donde quedaba y además no quería volver allí por el mal trato que le daban. Yolanda lo aceptó y Pedrito cumplió en el Albergue los 17 años.

Un recuerdo triste que tiene del Albergue era que cuando en ese tiempo, iban personas a adoptar niños, y nunca lo seleccionaron a él. Pero de igual manera recuerda uno de sus más felices momentos, cuando Mamá Yolanda le regaló un radio transistor que él conservó por muchos años.

A los 17 años llegó otro terrible momento para Pedro, fue cuando tuvo que irse del Albergue. Se fue a cumplir el Servicio Militar. El único contacto familiar que había conseguido a través de los años era con una tía y esta tía tenía una hija de su misma edad, Carmen, que la habían traído a trabajar a la casa del Dr. Gustavo Gaviria Gonzalez, quien por esos tiempos, había sido nombrado Cónsul de Colombia en New York. Ellos dos, Carmen y Pedro se escribían y surgió entre ellos una amistad que luego se convirtió en amor y gran respeto y que perduraría para siempre.

Desde cuando salió del Albergue y durante su Servicio Militar, lo único que le preocupaba a Pedro era estudiar, estudiar algo, aprender y superarse. Su gran tristeza allí, era que no tenía medios para salir los fines de semana. A todos los demás muchachos, sus familiares les llevaban regalos y dinero. A Pedro nadie le llevaba nada y le tocaba quedarse todo el tiempo en el cuartel. Allí les daban $20 pesos que tenían que alcanzarle para el mes. Con su meta de aprender más, cuando lo mandaron a Buenaventura, tomó un curso de motores de botes, y cuando estuvo listo, lo nombraron suboficial para llevar encargos a una pequeña isla privada para los oficiales de mayor rango. Pero en una de esas idas en que además de comida llevaba armas, tuvo un grave accidente por el cual fue llevado al calabozo, con el agravante de que lo acusaban de haberse robado las armas y por lo tanto le harían Consejo de Guerra. Esto, aparte de mantener el problema continuo porque le pegaban para forzarlo a escribir con la mano derecha porque no les importaba que él era zurdo, y de las consecuencias que esto le causaba, pues tampoco podía tomar un rifle y mucho menos disparar con la mano derecha, y de una serie infinita de dificultades más que encontró a su paso por el servicio militar, un día le dijeron que si deseaba, se podía ir. Era tan grave la situación que él llegó a pensar que tenía una mala estrella y que nunca lo iría a abandonar.

Sus cartas con su prima Carmen, seguían y coincidió que ella tuvo que viajar a Colombia para recibir su visa de residente. En las pocas semanas que ella estuvo allí, resolvieron casarse, y llevar a cabo una unión que se mantiene viva hasta el momento, de felicidad, de logros y éxito con sus dos hijos, Miguel y Jennifer Giselle y sus dos pequeños y adorables nietos hijos de Miguel.

Pero no fue tan fácil lo que venía. Primero en la Embajada de los Estados Unidos no querían aceptarle a Carmen su petición para su marido. Afortunadamente la señora americana donde ahora trabajaba le prestó el dinero para pagar un abogado y finalmente lo logaron.

Vivieron en Queens en la primera etapa en un pequeño apartamento que con todo el amor y dedicación habían equipado, donde nació Miguel, su primer hijo. Ambos trabajaban uno de día y otro de noche para cuidar al bebe. Cuando surgió un trabajo para los dos en una gran casa en Manhattan y ellos resolvieron aceptarlo pero conservar el apartamento, previendo cualquier circunstancia posterior. Mientras tanto se lo prestaron sin ningún cobro a unas personas (colombianas) para ayudarlos ya que acababan de llegar a los Estados Unidos. Cuando un día fueron a visitarlos habían desaparecido con todo lo que habían dejado en el apartamento.

Ya con Carmen a su lado, el positivismo era mas importante que entristecerse, y sintieron que muchas cosas mejores iban a llegar para ellos. Y así fue. Mientras que Pedro cumplía sus labores de conductor y albañil de la casa, ya que la señora exageraba sus solicitudes de trabajo. En aquella oportunidad mientras que ella viajaba, le había dejado la responsabilidad a Pedro de pintar toda la fachada de la inmensa casa. Carmen, quien acababa de hablar por teléfono después de ver un clasificado en el periódico, le dijo: Pedro bájate de la escalera porque nos vamos a cumplir esta cita. Eran las 10 de la mañana y la cita era a las 2 de la tarde. Ellos estaban en Scardale y debían ir a Manhattan para la entrevista. En las carreras, teniendo que tomar el tren, ir con el niño, etc. Ella dejó el papel con el número exacto de la casa a donde debían ir. Sin embargo se acordaba de la 5ª Avenida con……….. y también que el apellido era algo con –von- . Buscaron en los diferentes edificios de la calle, y llegaron donde Diane von Fustemberg. Ella misma los atendió y aunque les dijo que casi tenía un compromiso con otra pareja, les dio una segunda cita. En esa oportunidad los aceptó para trabajar en su bellísima mansión doblándoles el sueldo de lo que ganaban en la casa anterior. Allí, Carmen desempeñaba el cargo de ama de llaves y Pedro de conductor. Diane viajaba bastante, y ellos cuidaban personalmente los dos hijos de Diane, que tenían aproximadamente la misma de edad de Miguel. Allí conocieron personajes como: Carolina de Mónaco, Barbara Walters, Henry Kissinger, Diane Ross, entre otros. Cuando Diane mandaba a comprar zapatos para los niños, los mismos zapatos se le compraban a Miguel. Miguel iba al mismo colegio de los niños de Diane, pagado por la misma Diane. Fueron un poco más de 6 años de inmensa alegría y logros que ambos recuerdan con cariño y con gran respeto hacia Diane von Fustemberg no solo por el trabajo que les dio, sino porque la admiran como ser humano extraordinario.

Pero llegó un enamorado de Diane que cambió toda la situación y aunque fue una durísima decisión porque los niños, principalmente la niña estaba muy apegada a ellos, resolvieron irse. Y había otra razón, Miguel su pequeño estaba viviendo una vida que no le pertenecía y luego después no iban a tener cómo seguir respondiéndole.

Con los ahorros que pusieron en una bolsita del mercado, se vinieron a la Florida a comprar una casa. Habían comprado un carro nuevo también y en el camino tuvieron que parar para hacer una llamada desde un buzón telefónico. Carmen y el niño venían dormidos y Pedro se bajó con la bolsita de los ahorros (aproximadamente $25,000) dólares. Hizo la llamada, volvió al carro y siguió de largo su camino. Cuando se despertaron quisieron parar para un descanso y fueron a buscar la bolsita y Pedro la había dejado en el buzón del teléfono. Con el corazón en la boca se devolvieron y encontraron la bolsa, intacta. Pararon luego, en un pequeño hotel a descansar, bajaron todas las maletas del carro y rendidos del viaje y la angustia, ya con su bolsita en la mano se fueron a descansar. Por la mañana se dieron cuenta que gran parte de las maletas no las tenían, en su angustia nuevamente, salieron y afortunadamente las encontraron en la puerta y nadie se las había llevado.

Llegaron a la Florida compraron su casa y añadieron el carro a la compra ya que fue mas cara de lo que habían calculado y se devolvieron felices en tren.

La mala estrella definitivamente le había cambiado a Pedro, quien había aplicado para un trabajo en los Laboratorios Schering y le había resultado con un magnífico sueldo. A Carmen también la habían aceptado en la farmacia de la misma compañía. Pero, después de 7 años, Pedro se enfermó por el contacto con las drogas del Laboratorio, y fue así como le dieron una licencia y le recomendaron vivir en una ciudad con menos humedad. Fue cuando emprendieron camino a las Vegas, donde desde el principio hace 14 años ha estado trabajando para Shaffle Master, una compañía que vende equipos para casinos en todo el mundo. Allí Pedro empezó como único latino entre 580 empleados y como “Service Techinican’. En Shaffle Master, Pedro ha dictado seminarios sobre servicio al cliente, y ha conocido Europa, Asia y Oceanía viajando con la compañía. Y hace 6 años, consiguió una mejor posición allí mismo, como ejecutivo de ventas para América Latina. 4 grandes oficinas, Perú, República Dominicana, Puerto Rico y las Islas Caribeñas se reportan a él. Su próximo viaje es a Colombia con su nuevo pasaporte colombiano que justamente durante nuestra entrevista contempla feliz, porque su empeño es realizar grandes negocios también en su país.

Pedro y Carmen tienen una cabaña en North Carolina donde van a descansan con sus hijos y con sus nietos. Carmen ya no trabaja, aunque ella piensa que es muy feo depender del marido solamente.

El consejo de Pedro para los niños abandonados, es olvidar el desprecio y las peores situaciones que puedan llegar a vivir, y mirar siempre hacia delante, tratando de ayudar a alguien.

El consejo de Carmen es tener una gran fe en Dios o en algo en lo que la persona quiera creer y después creer en uno mismo. Rechazando cualquier cosa que pueda rebajarnos con mucha personalidad y con gran valor.

Bien dice el dicho: detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer. En la foto a continuación los dos bellos nietos de Carmen y Pedro.