Lanzan campaña de oración por América para pedir por el fin de la pandemia

El Movimiento Mater Fátima ha lanzado una campaña de oración por América y pide a los fieles unirse para pedir la intercesión de la Virgen María por cinco intenciones, entre las que destaca el fin de la pandemia de coronavirus.

Mater Fátima está compuesto por laicos, sacerdotes, obispos, religiosos y todos aquellos que desean vivir y difundir el mensaje de la Virgen Fátima.

En un comunicado, el movimiento indicó que, frente a los difíciles momentos que pasa la humanidad y la Iglesia Católica, han lanzado esta campaña que tendrá su primera etapa del 16 de julio al 12 de diciembre de 2020.

“Pediremos a Nuestra Santa Madre que interceda por sus hijos y nos ayude especialmente frente al satanismo, narcotráfico, aborto, eutanasia, ideología de género, comunismo, corrupción y los demás males que están destruyendo al hombre”, agregó.

En una entrevista a EWTN Noticias, el director de Mater Fátima para el mundo, el P. Héctor Alfonso Ramírez, indicó que muchos de los problemas que afronta el continente americano son sociales.

El sacerdote señaló que la oración es necesaria “para poder pedir al Señor que intervenga en la historia, los países, en las necesidades de las almas”, pues, durante su tiempo de misión por 17 países de Latinoamérica, constató el sufrimiento de los ciudadanos.

Además, resaltó los disturbios sociales recientes y la pandemia de coronavirus, que ya ha alcanzado más de 13 millones de personas contagiadas y más de 580 mil fallecidos por el COVID-19, según indica la Universidad Johns Hopkins.

“Yo creo que todos somos conscientes de que Latinoamérica está siendo muy golpeada por este virus”, señaló. “Por lo tanto, queremos contribuir con la oración para que este flagelo sea lo menos fuerte posible”, agregó.

El P. Ramírez indicó que la primera etapa de la campaña iniciará el 16 de julio, día de Nuestra Señora del Carmen, debido a que la Virgen, en la última aparición en Fátima, se mostró bajo esta advocación mariana.

Asimismo, indicó que la etapa concluirá el 12 de diciembre, para encomendarse a la Virgen de Guadalupe en su fiesta litúrgica.

La campaña de oración girará en torno a cinco pilares, que son el rezo del Santo Rosario diariamente, el ayuno a pan y agua durante los días miércoles y viernes, comulgar los primeros sábados del mes, la participación en el Sitio de Jericó entre los días 7 y 13 de octubre y la consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María por intercesión de San José.

Finalmente, Mater Fátima indicó que esta campaña busca interceder por la conversión de los pecadores, reparar las ofensas a los Corazones de Jesús y María, pedir por la paz y la libertad de los pueblos, la defensa de la familia y la vida, la Iglesia Católica y sus sacerdotes y el fin de la pandemia.

“Con la oración, con Dios, podemos superar todas las crisis y todas las dificultades”, concluyó el P. Ramírez.

La organización ha puesto a disposición de los fieles información y oraciones para que puedan unirse a esta campaña, las cuales están disponibles en su sitio web o sus redes sociales como Mater Fátima Internacional.

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Además, el Santo Padre comentó el pasaje del Evangelio en que Jesús llamó a los apóstoles por nombre y dijo que “la búsqueda del rostro de Dios está motivada por el anhelo de un encuentro personal con el Señor, un encuentro personal, un encuentro con su inmenso amor, con su poder que salva”.

“Los doce apóstoles, de quienes nos habla el Evangelio de hoy, tuvieron la gracia de encontrarlo físicamente en Jesucristo, Hijo de Dios encarnado. Él los llamó por su nombre, uno a uno, hemos escuchado, mirándolos a los ojos; y ellos contemplaron su rostro, escucharon su voz, vieron sus prodigios. El encuentro personal con el Señor, tiempo de gracia y de salvación, lleva a la misión. Caminando, Jesús les exhortó: ‘Vayan y proclamen que ha llegado el reino de los cielos’. Encuentro y misión, no van separados”, advirtió el Papa.

En este sentido, el Santo Padre insistió que “el encuentro personal con Jesucristo también es posible para nosotros” ya que “somos los discípulos del tercer milenio, quienes buscamos el rostro del Señor y podemos reconocerlo en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino”.

“Este encuentro también se convierte para nosotros en un tiempo de gracia y salvaciónconfiriéndonos la misma misión encomendada a los apóstoles”, añadió el Papa quien recordó el encuentro ‘Libres del miedo’ que se llevó a cabo en Italia en febrero de 2019 para afirmar que “el encuentro con el otro es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos. Pidiendo poder desembarcar”.

Antes de finalizar su homilía, el Papa Francisco habló sobre los campos de detención en Libia. En concreto, se detuvo “en los abusos y en la violencia que sufren los migrantes, en los viajes de esperanza, en los rescates y en los rechazos” y citó las palabras de Jesús en el Evangelio de San Mateo (25,50). ‘En verdad, en verdad les digo, que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’”.

“Todo lo que hicieron…’, para bien o para mal. Esta advertencia es hoy de gran actualidad. Todos deberíamos tenerlo como punto fundamental de nuestro examen de conciencia. El que hacemos cada día”, sugirió el Santo Padre.

Por último, el Papa improvisó y confió un recuerdo personal que vivió hace siete años cuando en el sur de Europa, visitó la isla italiana de Lampedusa: “algunos me contaban sus historias personales, cuánto habían sufrido para llegar allí, había intérpretes, y uno contaba me cosas terribles en su propio idioma y el intérprete parecía que traducía bien, pero el primero hablaba por más tiempo. Y pensé: ‘Se ve que este idioma para expresarse usa frases más largas’”, describió.

Sin embargo, el Santo Padre prosiguió que cuando regresó “a casa por la tarde en la recepción había una señora, paz a su alma que se ha ido, que era hija de etíopes y entendía el idioma y había mirado el encuentro y me dijo esto: ‘Lo que el traductor etíope le ha dicho no es ni la cuarta parte de las torturas, de los sufrimientos que ellos han vivido’. ¡Me dieron la versión ‘destilada’!”, exclamó.

“Esto sucede hoy con Libia, nos dan una versión ‘destilada’. Guerra sí, es fea lo sabemos, pero ustedes no imaginan el infierno que se vive allí, en aquellos ‘lagueres’ de detención y esta gente, solamente, venía con una esperanza, atravesar el mar”, lamentó el Papa.

Evangelio comentado por el Papa Francisco:

San Mateo 10,1-7
1 Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan; 3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; 4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó.
5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;
6 dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

En el aniversario de mi visita a #Lampedusa, oremos para que podamos descubrir el Rostro de Jesús en todos los que se ven obligados a huir de su tierra a causa de las muchas injusticias que aún padece nuestro mundo. @M_Rseccion— Papa Francisco (@Pontifex_es) July 8, 2020

El Papa Francisco subrayó que Dios “nos sorprenderá en el momento en el que no lo esperamos, en el que nos encontremos verdaderamente solos”.

Así lo señaló el Pontífice en la Audiencia General de este miércoles 10 de junio, que presidió desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano.

El Santo Padre señaló que “todos nosotros tenemos una cita en la noche con Dios”. “Es esa misma noche, combatiendo con lo desconocido, tomaremos conciencia de ser únicamente pobres hombres”.

Pero, precisamente entonces, “no tendremos nada que temer, porque en ese momento Dios nos dará un nombre nuevo que contiene el sentido de toda nuestra vida. Nos dará la bendición reservada a quien se ha dejado cambiar por Él”.

En su catequesis, el Papa explicó que en la Biblia se pueden encontrar numerosos ejemplos en que Dios se presenta a los hombres en el momento más inesperado, y citó, en concreto, la historia del patriarca Jacob.

Como se narra en el libro del Génesis, Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham, tenía una relación muy mala con su hermano mayor Esaú. Mediante un engaño, Jacob consigue que su padre, ya anciano y casi ciego, le bendiga y el conceda el don de la primogenitura que, en realidad, le correspondía a su hermano Esaú.

Para evitar la ira de Esaú, Jacob escapa de su patria y se refugia en el extranjero donde, gracias a su habilidad para los negocios, su capacidad de riesgo y su carácter, consigue convertirse en el propietario de un gran rebaño. Además, consigue casarse con la hija más bella de Labán.

Francisco describió a Jacob con la expresión moderna de “un hombre que se ha hecho a sí mismo, que con el ingenio consigue conquistar todo lo que desea”.

La vida de Jacob parece perfecta, pero un día “siente la llamada de su casa”, explicó el Santo Padre, la llamada “de su antigua patria, donde todavía vivía Esaú, el hermano con el que siempre había tenido una pésima relación”.

A pesar del riesgo, “Jacob parte y realiza un largo viaje en una caravana numerosa de personas y animales, hasta que llega a la última etapa: el torrente Jabbok”.

“Aquí, el libro del Génesis nos ofrece una página memorable. Se narra que el patriarca, después de haber hecho atravesar el torrente a toda su gente y a todo el rebaño, se queda sólo en la orilla extranjera”.

Jacob, sólo, medita “y piensa: ¿qué es lo que le espera en el mañana? ¿Qué actitud tendrá su hermano Esaú? La mente de Jacob es un torbellino de pensamientos y, mientras se hace la oscuridad, de forma imprevista un desconocido lo agarra y comienza a luchar con él”.

“Jacob luchó durante toda la noche sin dejarse derrotar por su adversario. Al final, fue derrotado, golpeado por su rival en el nervio ciático, y desde entonces quedó cojo toda su vida. Aquel misterioso contrincante le preguntó su nombre al patriarca y le dice: ‘Ya no te llamarás más Jacob, ahora serás Israel, porque has combatido con Dios y con los hombres y has vencido’”.

Entonces, “Jacob le preguntó a su vez: ‘Desvélame tu nombre’. Pero no se lo revela y, en cambio, lo bendice. En ese momento, Jacob entiende que se ha encontrado con Dios cara a cara”.

El Papa Francisco explicó que luchar con Dios “es una metáfora de la oración. En ocasiones anteriores, Jacob se había mostrado capaz de dialogar con Dios, de sentirlo como presencia amiga y cercana”.

Pero, en aquella noche, “por medio de aquella lucha que dura demasiado tiempo y que casi lo hace sucumbir, el patriarca sale cambiado”.

“Por una vez, no es dueño de la situación, no es el hombre estratega y calculador. Dios lo lleva hacia su verdad mortal que tiembla y que tiene miedo. Por una vez, Jacob no tiene nada más que presentar a Dios que no sea su fragilidad y su impotencia”.

Ese Jacob “es el que recibe de Dios la bendición con la cual entra cojeando a la tierra prometida: vulnerable, pero con el corazón nuevo. Primero era un hombre seguro de sí, confiaba en su propia astucia. Era un hombre impermeable a la gracia, reacio a la misericordia. Pero Dios salvó aquello que estaba perdido”.

La historia de Jacob, concluyó el Papa Francisco, “es una invitación a dejarse cambiar por Dios”.

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