La Casa Editorial EL TIEMPO apoya a Iván Duque para la segunda vuelta electoral.

Jun 10, 2018 by

Por:Editorial
09 de junio 2018 , 11:17 p.m.
La Casa Editorial EL TIEMPO apoya a Iván Duque para la segunda vuelta electoral.

Falta apenas una semana para que se celebre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y la larga campaña política que ha ocupado la atención de los colombianos llegue a su fin. Así, el domingo que viene, más de 36 millones de ciudadanos tendrán la posibilidad de escoger entre Iván Duque y Gustavo Petro, representantes de espectros ideológicos opuestos.

Es de esperar que la participación observada en la ronda del 27 de mayo se mantenga, para así demostrar que el abstencionismo da marcha atrás y la democracia sigue viva en el país. También es factible que la Registraduría Nacional reporte con rapidez los resultados, una celeridad que sirve para minimizar la incertidumbre y desmontar las teorías conspirativas de siempre.

Tal como ha sido usual durante décadas, EL TIEMPO opta por hacer conocidas sus preferencias, respetando obviamente el libre albedrío de sus lectores, que ojalá acudan a las urnas para escoger con plena independencia cualquiera de las opciones que ofrece el tarjetón. En consecuencia, esta casa editorial da su respaldo al nombre de Iván Duque, cuyo programa de gobierno es serio y quien representa una esperanza de moderación y cambio generacional, deseable en la coyuntura.

Aunque no falta quien cuestione su juventud y relativa inexperiencia, el actual senador ha dado muestras de ser una persona estudiosa y con enorme capacidad de aprendizaje. Quienes lo tuvieron como colega en la Cámara Alta dan fe de la calidad de sus intervenciones, así como del respeto mostrado hacia sus contradictores, en la defensa de sus planteamientos.

El que a lo largo de la campaña Duque no haya emitido una sola opinión desobligante para descalificar a sus adversarios puede parecer un detalle menor, pero no lo es. En una sociedad polarizada, es menester regresar a la controversia civilizada de las ideas y la construcción de consensos. No es fácil, pero solo alguien con poco equipaje será capaz de tender puentes y enterrar odios que entorpecen la marcha hacia un futuro mejor.

Entender que los colombianos no quieren más de lo mismo y actuar para solucionar los pendientes es un imperativo para el próximo presidente. Ese sería el mayor reto de Iván Duque si resulta ganador.

El mayor resquemor de quienes se oponen al parlamentario bogotano es la preocupación de que este sea una especie de títere de Álvaro Uribe. Sin desconocer que el expresidente es su mentor, consideramos infundada la teoría de un regreso de este al Ejecutivo, por interpuesta persona.

En tal sentido, Duque está obligado a dejar en claro que no tramitará odios ajenos o propios, ni mucho menos actuará con criterio revanchista, sino que su prioridad es mirar hacia adelante. Ello lo obliga a entender el mensaje que enviarán quienes opten por votar en blanco y a calmar a los integrantes más radicales de su partido.

Dicho lo anterior, no está de más señalar que este periódico no considera el apoyo entregado como una abdicación de su independencia crítica. Si el postulante del Centro Democrático resulta elegido, mantendremos la distancia indispensable para elogiar o cuestionar sus actos de gobierno, según sea el caso.

Es importante anotar que nuestro apoyo al proceso de paz con las Farc se mantiene firme y que cualquier intento de dar marcha atrás al reloj de la historia y el espíritu de los acuerdos suscritos será considerado un error garrafal. Tanto la labor del Congreso como de la Corte Constitucional sirvieron para hacer precisiones y llenar vacíos, por lo cual sería inconveniente que la siguiente administración gaste sus energías en revivir la polémica del plebiscito del 2 de octubre de 2016, cuando la opinión considera que la prioridad de la gestión presidencial debe concentrarse en la lucha contra la corrupción, la mejora de la seguridad ciudadana o la salud de la economía, entre otras tareas.

No pueden terminar estas líneas sin hacer una referencia a Gustavo Petro, cuya capacidad dialéctica llevó a que por primera vez en la historia del país un representante de la izquierda tenga posibilidades reales de ceñirse la banda tricolor. Aparte de que sus posturas chocan y en algunos casos entran en contradicción con los preceptos de la democracia liberal que defiende EL TIEMPO, es imposible olvidar la pésima calidad de su gestión al frente de la Alcaldía de Bogotá.

Lejos de resolver los problemas de la urbe, el representante de la Colombia Humana los exacerbó, apelando a una retórica incendiaria y haciendo apología de la lucha de clases. Para decirlo con claridad, está probado que Petro es un mal administrador que utiliza la división para imponer sus puntos de vista. Elegirlo, por lo tanto, sería una equivocación histórica.

Hechos estos planteamientos, no hay que menospreciar sus críticas a una sociedad inequitativa, en la cual las oportunidades no son iguales para todos. Entender que los colombianos no quieren más de lo mismo y actuar para solucionar los pendientes es un imperativo para el próximo presidente. Ese será el mayor reto de Iván Duque si resulta ser el ganador el domingo que viene.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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