Granrio La Revolución de los Honestos

27_sept_honestos

Bogotá. Por: Roberto Ramirez Ocampo. En una reunión que liderara mi hijo Andrés Ramirez Ordoñez, que da clases sobre felicidad en el CESA y la Sergio Arboleda,  el conferencista invitado fue el doctor Tal Ben-Shahar de la universidad de Harvard, además de una nómina de lujo, que presidió  el rector del CESA. Debo brevemente, resaltar la manera como Shahar condujo su charla de dos horas sobre sicología positiva; no recurrió a una sola nota, puso a pensar al auditorio que llenaba de bote en bote la sala del Gun Club, nos dejó pensamientos acerca de la posibilidad que cada ser humano puede ser feliz; ese estado sin duda conduce a la productividad, a la limpieza del alma y permite dejar un legado de paz a aquellos que la practiquen.

Andrés presidió de manera impecable un conversatorio, donde hizo una pregunta: “¿Que nos hace infelices?” en ese momento, haciendo previamente la advertencia que mi tía Leonor me hacía permanentemente “Mijo, cuando vaya a hablar cállese” les compartí, que me hace infeliz: Es simple, La Corrupción me hace profundamente infeliz. La corrupción, se convirtió en pandemia. El mundo está lleno de estas esporas mortales que van asesinando generaciones futuras. La riqueza de la que se apropian no solo funcionarios públicos sino directivos de infinidad de empresas privadas e instituciones, nos va dejando, sin sistemas educativos ni de salud, desde luego sin Corporaciones Autónomas que eviten la deforestación de cuencas y su contaminación.

Bolívar, nuestro libertador, firmó un decreto que volvía ley de la república penalizar con la muerte al funcionario que robara. ¿Se imaginan? Estaríamos sin funcionarios, o de pronto con muchos menos pues sería un oficio muy riesgoso; entre otras porque se penalizaba con la pena capital, a quien robara más de $10 pesos.

Los pueblos que visito, dejaron de ser lugares donde el gobernador nombraba el alcalde, unas veces se equivocaba y otras no; el desastre, es que la democracia puso a votar a aquellos que permiten que los candidatos compren su voto; en días pasados uno de estos candidatos, se sentó conmigo y le dije: “¿Qué plan tiene?” me dijo: “Para empezar, la alcaldía de este pueblo se logra con mil millones que se recuperan en tan solo 8 meses” le expliqué que no era esa la pregunta, que quitando ese dinero, era probable que 2,000 familias no recibieran atención médica, o educación 4,000 niños. He conocido casos en donde los alcaldes, se quedan con partidas que envía el gobierno central para promover la cultura. Todo es susceptible de robarse. El botín más apetecido, es la construcción de cualquier cosa. Las compras del estado y las compañías privadas están en la mira de los atracadores que sin esfuerzo alguno, se quedan nunca con menos del 5% y más veces de las que quisiéramos creer con el 100%. Nos robamos un presupuesto nacional cada cuatro años.

La corrupción, no está representada solo en sustracción de dinero; también es corrupto quien nombra una persona que no es apta para el cargo que es nombrada, obviamente quien acepta el cargo sabiendo que no puede desempeñarlo, quien planea una obra y por liviandad o desconocimiento, la planea mal. El oficinista que acude a su trabajo y no atiende público, sino pierde tiempo en tonterías.

He sabido de funcionarios públicos que alteran sus contadores de luz para que les llegue más barata la cuenta. Con seguridad, hay personas del común que también lo hacen.

Estamos en una carrera desaforada por acabar los magros presupuestos con que cuenta el país; desde luego no eximo al mundo, pero primero quisiera que una ola de honestos se levantara, para decir NO MÁS; no más coimas, no más abusos, no más mentiras, no más privilegios para nadie. Quisiera que desde el presidente hagamos cola. No nos damos cuenta, que estamos en esta guerra que no termina, por la corrupción que impera. Todos nuestros males incluida la pavorosa contaminación del Granrío tiene su origen en la corrupción.

El rector del CESA, junto con Pedro Medina que paso de creer en Colombia a proponer que vamos a CREAR para Colombia y en Colombia, se apuntaron a ser soldados sin protagonismo de la revolución de los honestos.

Debo dar el crédito de esta idea a mi esposa Gloria Inés, que hastiada con lo que ve en un día normal me dijo sin más: “Vamos a tener que iniciar la Revolución de los Honestos” Gracias a la luz de mi vida por esta invaluable propuesta.

Hoy este blog ha resultado largo; si lo lee amable lector hasta el final, le debo pedir excusas por “Robarle” tiempo.

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