Granrio Imperturbables ante el deterioro

granrio ninos

Vamos a trabajar para que desde niños, todos cuidemos el Granrio. 

Bogotá. Por: Roberto Ramírez Ocampo

Unos con más frecuencia que otros, vemos en la televisión, nos comparten videos, leemos revistas, artículos de periódicos, eventualmente publicaciones científicas, que hablan exclusivamente de la hecatombe que nos respira en la nuca por cuenta del cambio climático y la desaparición de las fuentes de agua y su contaminación. Estamos perdiendo la batalla por preservar, damos por descontado que el agua siempre estará.

En Colombia tenemos 21 parques ligados a los páramos, que suman dos millones novecientos sesenta y cuatro mil ochocientos setenta y cuatro (2’964.874) hectáreas. Aclaro, que estas no son todas las hectáreas de páramos, ni son todas las hectáreas de parques. Los páramos, tal y como me enseñara el abogado ambientalista, botánico de vocación y próximamente geógrafo, Francisco Rivera, son fundamentales pues son reguladores hídricos. Solo cuatro países del mundo tenemos páramos: Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú. Otra razón que nos hace únicos, otro compromiso más para liderar el cuidado del agua a nivel global. Estudiar y preservar el estado de esos páramos, no es responsabilidad solamente de Parques Nacionales, es obligación de cada vecino de estos edenes y de cada compatriota. No lo estamos haciendo.

A su vez, como lo he compartido con ustedes, tenemos 24,300 kilómetros de ríos. Para entender la importancia de ese dato, el diámetro de la tierra de polo a polo son 12,713 kilómetros, la circunferencia de nuestro hogar llamado tierra (olvidamos que es NUESTRO hogar) son 40,076 kilómetros. En invierno, podemos navegar algo más de 18,000 kilómetros y de manera permanente 7,300 kilómetros de esos hilos de plata. Los colombianos sin merecérnoslo somos dueños de un mundo que deterioramos a cada instante. Desde luego, ese honor no solamente lo tenemos nosotros sino la comunidad mundial narcotizada por sus comodidades.

Para ratificar la importancia hídrica mundial de nuestro país, he decidido emprender una serie de “Expediciones Fluviales” desde dónde nace el río hasta el lugar que se lo entregamos al resto de la humanidad. Eso quiere decir que me propongo visitar, entrevistar, revisar y estudiar algunos de nuestros páramos, empezando por el más cercano a mi corazón que es el de los nevados con 58,300 hectáreas, cerca de Manizales donde nacieron las dos principales mujeres de mi vida: Mi madre y mi esposa. Paralelamente, volver a navegar y en ocasiones hacerlo por primera vez los siguientes trayectos fluviales: Desde más arriba de Neiva hasta Honda, evitar el recorrido de los rápidos de esa población, retomar el río en Puerto Salgar hasta Barranquilla y Cartagena. Pasar al Meta, navegar desde Puerto López hasta Puerto Carreño, una parte del Bita y el Orinoco, navegar el Amazonas que nos acompaña durante 117 kilómetros de sus más de 6,000 kilómetros de trayecto y terminar navegando el Atrato.

La idea, es presentar en tantas poblaciones como nos lo permitan, nuestras preocupaciones de su río, de nuestros ríos. Adelantar conversatorios con la comunidad para ver si logramos sacar del marasmo, al menos las poblaciones ribereñas, para que estas sean las encargadas de concientizar no solo su entorno, sino el país entero de la dificultad por la que pasan nuestros páramos y ríos y la gravedad del futuro que enfrentamos.

Desde luego voy a buscar patrocinadores para este empeño.

Si alguno de los que lee este blog, tiene alguna propuesta de apoyo económico para la primera etapa que será el río Magdalena, déjemelo saber en privado a mi correo granitosas@gmail.com.

Al final esperamos publicar un informe con propuestas que le devuelvan el caudal y la diversidad a los ríos, permitiendo que las comunidades y las aguas sea compañeras de viaje por lo que falte de vida.
¿Soñamos? o ¿miramos el mundo con esperanza y dejamos de ser ajenos a lo nuestro?

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