Feliz, Especial Día de las Madres

May 12, 2013 by

Madre Laura

Un abrazo de amor y felicidad a todas las amigas y madres que nos leen en este día especial, en que nuestros hijos nos celebran nuestro amor de cada instante de nuestras vidas por ellos.  Y hoy es especial doblemente porque estamos celebrando la canonización de la primera Santa colombiana la Madre Laura de origen antioqueño.
Por el desconocimiento general de su historia, nos remitimos a El Espectador para extractar la más importante información relacionada con la canonización de la Madre Laura que nos deja lindas enseñanzas para nosotros y para nuestros hijos. Los invitamos a leerla a continuación…

 

 “La Madre Laura era una Figura Revolucionaria”

La madre superiora de Las Lauritas en Medellín llegó a Roma para asistir a la canonización de una mujer que, según cuenta, fue santa y revolucionaria por su apoyo a las comunidades indígenas del país.   “Estamos alegres pero preocupadas por tanto detalle que hay que cuidar”, dijo sonrojada la religiosa antes de comenzar a relatar los detalles de una vida santa y revolucionaria, la de Laura Montoya.

“La madre Laura descubrió que los indígenas no son pobres, que tienen una cosmovisión diferente a la sociedad y por eso son marginados”, comentó la monja, que mantiene la obra que instauró la madre Laura con las comunidades nativas de Colombia.

Contó que Laura en vida, durante las décadas de los 30 y los 40, se internó en la selva para asistir a las comunidades de los embera katíos, los tunebos y luego en el Palenque de Uré. “Respetaba su cultura, respetaba las tradiciones, valoraba que se puede enseñar y aprender de los otros”, manifestó.

Reveló que incluso la madre Laura hizo un proyecto de ley para defender a los indígenas, pero lo destruyó cuando no pasó en el Congreso. Agregó que Laura “era una figura revolucionaria. En la iglesia no era fácil su figura, para los sacerdotes se hacía complicada esta religiosa que iba por delante de ellos”.

 

¿Cómo interpreta Colombia la canonización de la Madre Laura?

El Espectador consultó a un sacerdote, a un profesor humanista  defensor del Estado Laico y a un ateo, para que descifren, desde sus ideologías y campos de conocimiento, qué significa que Colombia tenga una santa.

Ferney Yesyd Rodríguez, Germán Humberto Rincón y Hernán Olano. Ferney Yesyd Rodríguez, Germán Humberto Rincón y Hernán Olano.   Un abogado defensor el Estado Laico Germán Humberto Rincón Perfetti, Asociación Líderes en Acción

En la diferentes formas de Estado pasamos desde aquellos totalmente confesionales – quienes tienen una religión oficial- y en el otro lado los ateos -resisten a cualquier religión-. La mayoría de formas de Estado Moderno en el mundo se encuentran dentro del Estado Laico fundado en la neutralidad en temas religiosos. El Estado no está a favor de una religión, ni en contra de las demás.

La Constitución Colombiana garantiza la libertad religiosa como expresión de la democracia; sin embargo no pueden invertirse dineros, ni espacios, ni discursos desde lo institucional relacionados con temas religiosos, ya que ello quebranta la igualdad de las religiones al privilegiarse acciones o actos de una sin justificación frente a las demás. No es de recibo el argumento de la expresión religiosa mayoritaria.

Los funcionarios del Estado, ya sea quien ejerce la presidencia, congresistas y demás tienen toda la libertad de acudir a los actos de orden religioso de la Madre Laura en Roma conforme sus legítimas creencias individuales, pero con sus propios recursos. Hacerlo con los impuestos de 45 millones de personas en privilegiar una religión sobre las demás y desconocer la neutralidad del Estado Laico siendo esta acción una forma de corrupción.

Un sacerdote Ángel José Pareja García. Pbro.Párroco. Parroquia la Catedral. Jericó, Antioquia.

TODOS LLAMADOS A LA SANTIDAD

“Sed santos como vuestro padre celestial es santo” (Mt 5,48). La santidad es una vocación a la que debemos responder, así lo entendió nuestra primera santa Laura Montoya de Jericó, es una gracia de Dios para la Iglesia y la sociedad, “La voluntad de Dios es vuestra santificación, que consiste en la perfección del amor a Dios y al prójimo”, nos recuerda el apóstol San Pedro.

En el sacramento del bautismo recibimos la semilla de la fe, que hay que cultivar, abonar y cuidar para que de abundantes frutos de amor, paz, generosidad y santidad. Con alegría desbordante celebramos la canonización de nuestra primera santa colombiana, nacida el 26 de mayo de 1874 en Jericó, Antioquia, de padres muy católicos, yo diría santos. En este tiempo es necesaria y provechosa la canonización de la Madre Laura, para recuperar los valores cristianos y humanos en la familia, que está despedazada por tanto egoísmo y violencia, por tanta frialdad e indiferencia religiosa.

Es un regalo para reavivar la fe en los colombianos y en el mundo entero, todos ponemos la mirada en este modelo de vida que supo amar a Dios y a los más pobres y despreciados del mundo, y así tengamos la gracia de vivir toda nuestra vida a la luz del Evangelio, siguiendo el ejemplo de nuestra Santa Laura, de tal manera que con nuestro testimonio de amor a Dios y de generosidad con nuestros hermanos, atraigamos a muchos a una viva experiencia del amor misericordioso de nuestro Padre Celestial, para que siempre caminemos en la presencia del Señor dando razón de nuestra fe y esperanza, edificando el Reino de Dios en las personas que no han tenido la oportunidad de vivir la experiencia del amor de Dios, como lo hizo nuestra Santa.

 

Un profesor humanista Hernán Olano, Director del Programa de Humanidades, Universidad de La Sabana.

Primero debemos saber que “santo” viene de la palabra griega “ hagios” que significa “consagrado a Dios” y, en principio, todo bautizado está en proceso de llevar una vida santa; sin embargo, hay tres aspectos para tener en cuenta: el primero es la oración humilde; segundo, el plan de vida y el tercero, la frecuencia en los sacramentos.

El Concilio Vaticano II en el documento conciliar Constitución Dogmática ‘Lumen gentium’ (números 41 y 42) habla sobre la llamada universal a la santidad, lo cual ha facilitado que la Iglesia estudie la vida de algunos de sus fieles, particularmente de quienes fallecieron con fama de santidad, ya que sus vidas se consideran como un ejemplo para muchos cristianos que acuden a su intercesión.

En el caso de la Madre Laura, la importancia radica en que ‘lanzó’ a la mujer como misionera; incluso en su autobiografía dijo que para ser misionera se requería de “mujeres intrépidas, valientes, inflamadas en el amor de Dios, que asimilaran su vida a la de los habitantes de la selva para llevarlos a Dios”.

También es un reconocimiento al valor y al coraje de las mujeres colombianas, siempre arriesgadas, pero también generosas en su misión como madre, esposa, hija y maestra.

 

Un ateo Ferney Yesyd Rodríguez Vargas, Asociación de Ateos y Agnósticos de Bogotá

Los ateos interpretamos esta canonización como un intento de la Iglesia por avivar la fe, queriendo presentar, curiosamente, una pizca engañosa de lo que carecen: Evidencias.

La Iglesia desde sus inicios ha creado reliquias, santos y milagros para ganar fieles y sustentar su fe. No en vano hay tres templos que dicen poseer la reliquia del cordón umbilical de Jesús.

Quienes usamos la razón adecuamos nuestras creencias con base en la evidencia. La proclamación de un santo por la Iglesia Católica es agregar otra pieza de creencia que debe aceptarse acríticamente.

Uno de los milagros adjudicados a Laura Montoya es la curación del cáncer terminal de una señora que le rezó. Pero, la remisión espontánea de ese cáncer bien pudo ocurrir naturalmente (por apoptosis celular, por ejemplo). Precisamente que el supuesto milagro tenga la misma probabilidad que una remisión espontánea debería hacernos pensar. ¿No sería más claro el hecho que todos los enfermos terminales de cáncer que rezasen se sanaran y los sin fe se murieran? Allí habría una clara correlación estadística.

El filósofo Hume afirmaba que “ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, salvo que su falsedad fuese más milagrosa que el hecho que se trata de establecer”.

 

La canonización de la monja antioqueña en Roma

La Madre Laura, en sus palabras

Mi vida’ se llama el libro que publica Cuéllar Editores, basado en la autobiografía de Laura Montoya Upegui, la primera colombiana que desde hoy hace parte del santoral de la iglesia católica y cuya faceta literaria es la más desconocida.

Por: Redacción Vivir

La monja Laura Montoya Upegui (Jericó, Antioquia,1874; Medellín, 1949). / EFE La monja Laura Montoya Upegui (Jericó, Antioquia,1874; Medellín, 1949). / EFE   “Cuando ya grandecita le pregunté (a mi madre) donde vivía Clímaco Uribe, ese señor que amábamos y que yo creía miembro de la familia, por quien rezábamos cada día, me contestó: ‘Ése fue el que mató a su padre; debe amarlo porque es preciso amar a los enemigos porque ellos nos acercan a Dios, haciéndonos sufrir’. Con tales lecciones era imposible que, corriendo el tiempo, no amara yo a los que me han hecho mal”.

“Si nos enseñaban algo, era para que fuéramos buenas esposas y madres. ¡Qué manía tan marcada, en aquel medio de mi niñez! ¡Irremediablemente me tenía que casar, como irremediablemente me tenía que morir! Esto era quizás lo que hacía mayor mi vergüenza para manifestar mi deseo de hacerme religiosa”.

“Vivía en casa de un tío cuya esposa rehusaba tenerme en su casa pues tenía muchos hijos. Un día me mandó a llevar una prenda de vestir, a uno de ellos que estaba en su departamento separado. El joven primo, al verme con él sola, me dijo una palabra inconveniente y trató de cogerme. Yo como un tigre, aunque comprendía poco lo que me decía, me lancé sobre él y le asenté un fuerte puñetazo, arañándolo en la cara, indignado salió e hizo todo el escándalo posible, haciéndose víctima de mi rabia y fingiéndose el hombre más inofensivo del mundo. Con menos hubiera tenido la tía para arrojarme de la casa. Me notificó que debía desocupar aquel mismo día. Desde entonces me propuse ser santa, y grande santa, y pronto”.

“Mis clases sobre todo las de religión, eran hasta elocuentes. Las discípulas no oponían resistencia y cada vez mostraban más adhesión a su maestra, con tal confianza que llegaron a tenerme más que a sus mismas madres, cosa que naturalmente producía celos en ellas”.

“El 8 de septiembre de 1910, día de la natividad de María, escribí carta para el presidente de la República, pidiéndole apoyo para emprender la obra de los indígenas y el 24, día de las Mercedes, recibí contestación favorable”.

“Los caballeros y señoras de Frontino nos visitaron y todos se reían del proyecto, cual si se tratara de aventuras de Julio Verne”.

“Salimos de Uramita tan contentas como si fuéramos a Roma. Dabeiba había sido nuestro delirio; bien sabían ellas que era como la encarnación de mi sueño… Ana Saldarriaga vio dos enormes culebras y no avisó porque iba a caballo y si hablaba la tumbaba la mula. Eso no tiene nada de difícil porque sí eran abundantísimas las serpientes en aquel sitio”.

“Decir que el local tenía cien avisperos es muy poco. Los murciélagos, grandes como vampiros, habían hecho de aquella casa su guarida, dándole un olor nauseabundo; ¡pero nada nos importaba! ¡Estábamos en Dabeiba!”.

“Ese mismo día dejamos a un lado nuestros títulos de señoritas. Hicimos el convenio de llamarnos hermanas, para asegurar mejor el respeto. Inmediatamente después que propuse a las compañeras esto del nombre, me contestaron que me llamarían Madre”.

“Mi autoridad no fue blanda, fue tan enérgica como lo que necesitaba el compromiso que con Dios y con los hombres teníamos, aparte del supremo dolor de las almas. Comprendí muy claro que de las energías y abnegación de las primeras, dependía el éxito de la empresa y el probarle al mundo que la obra era posible, en manos de mujeres”.

“Como para todo y en todo he de decir la verdad, confieso también que jamás estudié lo que iba a enseñarles, sino que le daba rienda suelta a mi corazón y abría los labios, con las frases que él me dictaba”.

“La amargura de ver a Dios desconocido, la calumnia y la persecución, unidas a la incomprendida de todos, hicieron de mi vida un noviciado para lo que iba a emprender, por la infinita condescendencia de ¡mi Dios!”.

“No tardó el indígena Juan de Jesús en volver, me dijo:

-Yo quiere pa preguntar ¿vos a qué viniendo aquí?

-A enseñar a los indígenas la ley de Dios.

-¿Ese vos solo u otro mandó? ¿Mandó gobierno?

-No, le contesté, gobierno no mandó. Dios sí mandó.

-¿Onde topates Dios?

-En Medellín, le dije.

-Indígena no atiende (aprende). Libre sí atiene, porque es alma (es decir, porque tiene alma).

-Indígena también tiene alma, le repliqué.

-Vos no sabe, indígena no es alma. Tenés que ir vos otra vez tu tierra porque indígena no gusta vos”.

“No carecían de razón, siempre habían sido tratados como mulas y hostilizados como animales peligrosos y estas creencias tenían siglos, durante los cuales habían visto, por experiencia, lo inferior de su condición. Todo, unido al recuerdo de las inauditas crueldades de los tiempos de la conquista, que estaban incrustadas en sus almas, indeleblemente y unidas a atracciones fantásticas y terribles, hacían que nuestra conducta, se les volviera algo así como el preludio de la última destrucción de su raza. ¡Ay! Pobrecitos. Sin nociones de caridad, ni de nada digno, ¡cómo no habían de desconfiar!”.

“Al viaje siguiente, me encontraba grupos de gentes que salían llorando a darnos los agradecimientos porque los había curado de viejas enfermedades y me referían de otros que habían recibido la misma gracia, agregando que esos remedios eran muy buenos. En caso desesperante de una enfermedad penosa, el remedio fueron dos huevos crudos. Me vi en el caso de recetar eso, porque tuve miedo de recetar yerbas a enfermedad tan desconocida”.

“Llegué, desmonté rodeada de todos los que esperaban. Entré y no quise imponerme de la enfermedad, porque tenía afán de llegar antes de la noche a Rioverde. Le puse la mano en el estómago, a la vez que le aconsejaba la resignación en sus dolores. Entonces sentí, que el contacto con la mano había curado a la enferma. No sin impresión, me retiré y para disimular un poco la cosa, quise recetarle algo; más, como no vi allí yerbas, pues todo estaba limpio, no se me ocurrió sino decirles que le dieran caldo de un venado que entraban en ese momento muerto”.

“Todo lo malo que aquí se encuentre, quítenlo, y crean que eso es lo de mi cosecha; y lo bueno, lo de luces y gracias de Dios, eso es de Él y me lo ha dado para mis hijas y para los pobres salvajes. De mis pecados que aquí quedan consignados, pido a Dios no permita que escandalicen…”.

 

 A la Madre Laura se le recuerda como una Concertadora de la Reconciliación

El exsecretario de la Conferencia Episcopal Juan Vicente Córdoba dijo este sábado desde el Vaticano que a la madre Laura se le podrá recordar como una concertadora de la reconciliación.

“La madre Laura fue una precursora de los diálogos, no solo de paz, sino también de reconciliación, recordemos que ella en Daveiva tuvo que ser mediadora de un encuentro entre los afrodescendientes y los indígenas”, explicó Córdoba.

Así mismo, el prelado recordó que “ella hizo unos diálogos tan maravillosos, que el presidente Henrique Santos le prestaba los aviones de la Fuerza Aérea para desplegarse por todos los territorios de misión y decía, la madre Laura logra hacer diálogos de paz con los indígenas y los afrodescendientes, mejores que los que me haría cualquier funcionario del Gobierno”.

El obispo narró además que a “la madre Laura se podría distinguir por ser una gran concertadora para los diálogos entre las distintas clases sociales y especialmente los indígenas que eran en ese momento totalmente desatendidos”.

A su turno, el presidente de la República, Juan Manuel Santos, dijo “todos los colombianos deben estar muy emocionados, porque es la primera vez que tenemos a una santa, que además nos ha dado ejemplo en todo sentido”.

Related Posts

Tags

Share This

Leave a Reply