El Papa al CELAM: La Iglesia en América debe ser casa y escuela de comunión que atraigan

Nov 1, 2015 by

 Colombia papa
Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa – CELAM VATICANO, 30 Oct. 15 / 08:27 am (ACI).- Con ocasión de los 60 años del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), el Papa Francisco ha enviado una carta a su Presidente, el Cardenal Rubén Salazar, Arzobispo de Bogotá (Colombia). En ella pide que las comunidades del continente sean “casa y escuela de comunión que atraigan por una sorprendente fraternidad”.

“Deseo unirme en oración de acción de gracias por todo el bien que el Señor ha ido sembrando y dando fruto por medio de su servicio a la Iglesia de Dios en América Latina”, dice Francisco.

En la misiva, el Pontífice manifiesta el deseo de que el CELAM “teniendo como prioridad la conversión pastoral y misionera, sea cada vez más partícipe, sostén e ímpetu irradiante de ese movimiento evangelizador hacia todos los ambientes y confines”.

“Es importante que nuestras comunidades sean ‘casa y escuela de comunión’, que atraigan por una sorprendente fraternidad fundada en el reconocimiento del Padre común, y ayuden a mantener siempre viva en la Iglesia en América Latina la pasión por nuestros pueblos, la asunción de sus sufrimientos y la capacidad de discernimiento cristiano de las vicisitudes de su historia presente, para abrir caminos de mayor equidad, paz y justicia”.

“La próxima apertura del Jubileo extraordinario de la Misericordia –añade el Papa– será un acontecimiento de gracia en el que el CELAM ha de prestar un servicio fundamental de animación, intercambio y celebración”.

El Pontífice termina la carta impartiendo “a todos los miembros y colaboradores del CELAM, y a todo el episcopado latinoamericano y del Caribe, mi Bendición Apostólica, poniendo en la tilma de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América, todos estos propósitos para que, por su intercesión, Nuestro Señor Jesucristo suscite siempre nuevos y más santos discípulos misioneros en nuestras iglesias, y más valientes constructores de paz y justicia en nuestras naciones”.

Estos días la nueva presidencia del CELAM ha comenzado a visitar algunos dicasterios de la Santa Sede con el fin de presentar el Plan Global 2015-2019.

El CELAM nació en 1955 como un organismo de comunión, reflexión, colaboración y servicio como signo e instrumento del afecto colegial en perfecta comunión con la Iglesia universal y con su cabeza visible, el Romano Pontífice.

El pasado mes de mayo el Cardenal Rubén Salazar Gómez, Arzobispo de Bogotá fue elegido nuevo presidente para el periodo 2015-2019.

Veni, vidi, vici,  sobre el Papa Francisco
Por: Jairo Sandoval via srs.perfora.net

Nunca en América, excepto sobre El Libertador, vino más al caso el célebre autoelogio cesáreo Veni, vidi, vici, que sobre el papa Francisco en su triunfante visita a Estados Unidos.

Que se recuerde en Washington DC, solo las honras fúnebres al ultimado Jack Kennedy, el magno recibimientos al ilustre primer ministro Winston Churchill, el agasajo al imponente general Charles de Gaulle, solo esos célebres eventos evocan, respectivamente, tanta gravedad, tanto esplendor, o palpitaciones semejantes a las suscitadas por Francisco.

Fue un verdadero Tour-de-force, lo suyo. Un golpe de presencia humana que de un solo revés conquistó la admiración y el corazón de tirios y troyanos.

La Casa Blanca le abrió de par en par su famoso pórtico. Por primera vez, los mármoles del Capitol Hill y los eruditos pero seducidos legisladores absorbieron la fonética híbrida de una oración papal a la vez hipodérmica, exhortativa y afectuosa. En un comedor de caridad, en ‘Catholic Charities DC’, compartieron pontífice e indigentes un precario refrigerio y, en una cárcel de Filadelfia, las frases caritativas del compasivo visitante quebraron la prevención casi metálica de los reclusos. Había dicho en la homilía de La Habana: “… lejos de todo tipo de elitismo, el horizonte cristiano no es para unos pocos privilegiados… Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. En Washington dictó: “Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir… con justicia…”

A continuación reclamó jerarquía social para la Religión: “No se puede sostener que las ciencias empíricas explican completamente la vida… y el conjunto de la realidad… Quiero recordar que <los textos religiosos clásicos> pueden ofrecer un significado para todas las épocas…”[i] Y con esta apología nada semántica, se aprecia que en Francisco el elemento religioso comparte espacios con una sana filosofía política. Inferencia análoga a la del riguroso pensador alemán Jürgen Habermas, quien en su reciente obra[ii] recaba cómo las ideas religiosas deben ser “inteligibles” para el campo secular, y admitidas en lo social-público

Devoto a la pobreza y protector del hambriento que la escolta, Francisco cautivó con su austeridad y autenticidad a periodistas, políticos e intelectuales, los más ‘sofisticados’ del planeta. Extrañamente, mientras más potente la distinción de los estadounidenses policultivados que lo circundaron, más luz arrojó su entrega de sí y más humilló al relativismo moral. Su esencialismo aplicado demostró que si creyente alguno amerita hoy la comparación firme y práctica con el verbo y el ideal del Nazareno, esa parábola humana responde al nombre de Francisco.

Pero para entender a Francisco como Pontífice y espíritu, y para emularlo, comporta analizarlo no como epifenómeno sino como concreción genial del momento y la circunstancia histórica que lo producen. Y es que la conciencia del hombre social epónimo, excepcional, es un producto concreto de la necesidad, la misma que lo ha energizado. También es la expresión puntual de las relaciones sociales de su época, cosa que emerge, a) cuando las condiciones empíricas se manifiestan propicias y, b) si la grandeza de tal hombre social se identifica con, y está condicionada por, los grupos humanos faltos de redención y justicia.

Dígase entonces que el papel orgánico de Francisco esta dictaminado por la compleja realidad actual (aun si él cree que es por la intervención divina). Pues de no ser así, su servicio sería contraintuitivo y ocioso.

Tómese ahora su conceptualización acusatoria del capitalismo de mercado, expuesta en la encíclica Laudato Si`, esfuerzo binario de intelecto y ética por acoplar una doctrina sagrada milenaria con la ciencia social contemporánea, no del todo felizmente, sea dicho. En especial Francisco elucida, de forma un tanto prolija y secular, aspectos esenciales del mercado capitalista moderno, válidamente criticado, por las tropelías socioeconómicas que consuma en detrimento y alienación de la persona humana.

Denuncia Francisco:

“Dado que el mercado tiende a crear un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos, las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios”.

Así, al Pontífice se le critica el incurrir en razonamientos ajenos a lo religioso. Acusación baladí, pues que todo texto humano genuino incumbe al pensamiento teológico, lo ratifican exegetas desde Agustín y el aquinato hasta von Balthassar. Además la investigación dentro de la ciencia económica no riñe con las conclusiones de Francisco: Akerlof y Shiller [dos ‘Nobeles’ en economía] creen que “una vez todos entendamos de sicología humana sentiremos menos entusiasmo por el mercado libre y mucha más preocupación por los efectos nocivos de la competencia del mercado… Al invertir a Adam Smith, la mano invisible de los mercados garantiza el engaño”. Cass Sunstein, “¿Por qué los Mercados nos convierten en tontos?”[iii]

Continúa Francisco:

“El principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía…”

“Para que haya una libertad económica de la que todos efectivamente se beneficien, a veces puede ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero”.

Corrobora al Papa un collage compuesto por economistas, Picketty (si la tasa de retorno es mayor que la de crecimiento, hay concentración de riquezas), Atkinson, (“la excesiva desigualdad es corrosiva y ha sido ignorada por mucho tiempo”[iv], por políticos: Bernie Sanders, Hillary Clinton, por sociólogos: Rawls, R. Kinsey, J. Young, etc.

Finalmente, el apostrofe dirigido por Francisco exclusivamente a las élites:

“Si el Estado no cumple su rol en una región, algunos grupos económicos pueden detentar el poder real, sintiéndose autorizados a no cumplir ciertas normas, hasta dar lugar a diversas formas de criminalidad organizada… narcotráfico y violencia…”. Los efluvios de esta sentencia papal, ¿no llegan hasta Colombia?

Argumentando en contrario, de la ultraderecha mundial surge el sofisma mesiánico interpretativo de por qué la desigualdad social no es injusta, en: ‘Wealth, Poverty and Politics’, Thomas Sewell. Basic books, 2015.

“La constante acumulación de posibilidades para consumir distrae el corazón e impide valorar cada cosa y cada momento”. Francisco
[i] Laudato Si`, Cap. V. III. V. 199.
[ii] The Lure of Technocracy, Jürgen Habermas. Polity Press, 2015
[iii] Porqué los Mercados nos convierten en tontos, Cass Sunstein en N.Y Review of Books. Oct. 22, 2015,
Phishing for Phools, George Akerlof and Robert Shiller. Princeton University Press
[iv] Sir Anthony Atkinson citando a Christine Lagarde. Conferencia de Atkinson en Bruselas, 2013.

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