El éxito a través del fracaso

Weston, FL
Es común que una persona anhele algo intensamente pero que no vaya
en pos de ello por temor a fracasar.  Si comprendiera que al no hacer
ningún intento estará asegurando el fracaso. Pero, esto sucede a diario.

¿Por qué razón? Tendemos a perder de vista el significado de fracasar.
Fracasar es aprender. Toda destreza que se empiece a aprender invita
al fracaso.

Seguramente recordarás la primera vez que intentaste montar bicicleta,
perdiendo el equilibrio y cayendo de la misma. Si no te caes, no habrás
progresado. Sin fracaso no hay progreso. Cuando dejas de fracasar,
dejas de aprender. El fracaso es importante para el éxito si lo ves como
una oportunidad para aprender.

Un ejemplo de esto fue Abraham Lincoln quien por 28 años experimentó
un fracaso tras otro. Perdió varias veces. En 1848 perdió su segunda nominación al
Congreso y no fue aceptado como oficial en 1849. Estos fracasos no lo
detuvieron en su lucha. En 1854 perdió en el Senado. Dos años después
perdió la nominación para la Vice-Presidencia y fue de nuevo derrotado
en el Senado en 1858. No se dio por vencido y en el año 1860 fue electo
presidente y pasó a la historia como uno de los más grandes presidentes
de los Estados Unidos de América.

Obviamente, el éxito no es la ausencia del fracaso. Es el tener la
determinación para nunca darse por vencido porque, “los que se
detienen nunca ganan y los ganadores nunca se detienen.”

Nuestros temores nos llevan a auto-protegernos del fracaso, alejándonos
de la maravillosa oportunidad de aprender.

Es el miedo al fracaso, no el fracaso mismo lo que deja lisiadas a las
personas. Ese miedo puede matar tus esfuerzos y hará que el éxito luzca
imposible.

El temor a la crítica o al rechazo es también otro factor frecuentemente
inmovilizante. Cuando una vendedora trata de vender una mercancía a
un cliente pero no lo logra, se debe simplemente a que no concretó la
venta. Pero a menudo, la vendedora verá el resultado desde un punto de
vista diferente, y llegará a la conclusión de que es ella y no el producto,
quien fue rechazada.

Entonces empezar a decirse a sí misma que no es tan buena vendedora
como sus colegas y que no es digna de concretar ninguna venta. Es así
que deja de intentar vender para evitar el riesgo del rechazo.

Es en ese preciso momento en que la vendedora debería hacer una
pausa para poner las cosas en su debida perspectiva. Tiene que
comprender que no es su valor como persona lo que está en juego, sino
tan solo la transacción comercial.

El temor a la crítica o al rechazo está estrechamente ligado a la
necesidad de aceptación social. La gente hará grandes esfuerzos por
adaptar su conducta para evitar la crítica de otras personas. Dicho temor
puede privarle de la misma singularidad que llevaría a asegurar su éxito.

Al deshacerse de demasiadas cualidades individuales, destruye la
creatividad, la iniciativa y la autoestima inherentes que les fueron dadas
por Dios para lograr sus metas

El temor a lo desconocido es otro elemento que nos aleja del éxito.

Muchas veces la necesidad de sentirnos seguros y de que dominamos el
terreno donde pisamos, nos aleja de tomar determinados riesgos que nos
pueden llevar a situaciones donde no sabemos que va a suceder.

Nuestro temor a lo que vaya o no vaya a suceder, tal vez no nos deje
hacer aquellas cosas que harán que suceda lo que queremos que
suceda.

¿Cómo podemos vencer a esos temores que nos alejan de nuestro éxito?
1. El poder de escoger. El temor llega a inhibirnos únicamente cuando
se le permite controlar nuestra vida al grado de provocar inactividad e
indecisión.
2. Muchos temores carecen de fundamento. Erróneamente creemos que
el objeto de nuestro temor puede dañarnos más de lo que en realidad
puede. El verdadero daño proviene del temor en sí. Analiza que es lo que
temes y qué sucedería si aquello que temes llegara a pasar. Ciertamente
es razonable tener cuidado cuando se cruza una calle transitada; pero el
rehusarnos constantemente a cruzarla por temor a perder la vida puede
transformarnos en ermitaños.
3. Los temores son pensamientos. Puedes reemplazar esa manera de
pensar negativa con ideas positivas y expectativas razonables y una
nueva actitud hacia las “experiencias de aprendizaje”

Hay otra condición mental que tiene sus raíces en el temor: la
preocupación. Por más sutil que tus preocupaciones sean, de manera
gradual y al mismo tiempo persistentemente se apoderan de tu mente
hasta que inmovilizan tu iniciativa, la confianza que tienes en ti mismo y
la capacidad para razonar. El preocuparse es, por lo general, un
ejercicio sin sentido. En primer lugar, el noventa por ciento de todo lo
que nos preocupa nunca llega a ocurrir. Segundo, mientras nos preocupamos por algo que tal vez acontezca, no
nos podemos concentrar en aquello que garantice lo que deseamos que
suceda.

Ya que la preocupación emerge del temor, se le puede controlar
mentalmente tomando decisiones y llevándolas a la práctica con
persistencia, rapidez y determinación. Concéntrate en tus metas y en las
cosas que aspiras tener o lograr, de manera de pensar más tiempo en
cosas positivas en vez de preocuparse.

Como consecuencia de no satisfacer nuestros deseos y no lograr
nuestras metas, normalmente nos sentimos abrumados por la frustración.

Esto es natural. Los seres humanos somos seres imperfectos viviendo en
un mundo que cambia constantemente, pero los sobrecogedores
sentimientos de frustración pueden limitar nuestros logros y el potencial
de desarrollo personal. El entender las causas y el efecto de frustración
te permitirá hacerle frente con eficacia, antes de que ejerza una
influencia negativa en tu progreso.

Por ejemplo, un joven médico que recién empieza a ejercer su profesión
puede que tenga una gran expectativa de ganar mucho dinero, pero si
espera ganar una gran suma de dinero durante su primer año de ejercer
la medicina, es posible que la frustración lo aplaste. Tiene que tomar en
consideración los gastos iniciales de mantener su consultorio, equipo
médico y el tiempo que le llevará establecer su clientela.

A menos que reconozca dichas realidades, su frustración crecerá,
haciendo que actúe de una manera descuidada con los pacientes que
tenga y a la larga truncará su progreso.

Llega un momento en el que decimos “RENUNCIO”. Sin embargo, antes
de hacerlo, quiero sugerirte algunas formas de sobreponernos a
cualquier frustración:
1. Pregúntate, ¿”Que sí está funcionando en esta situación”? A pesar
que te sientas que nada está funcionando, fíjate detalladamente y
probablemente encontrarás algo que está saliendo bien, lo cual es bueno
y positivo. Una vez que lo encuentres, concéntrate en encontrar la
manera de mejorarlo. De esta manera comenzarás a salir del estado
mental negativo y sin esperanzas regresando a enfocarte en lo positivo.

2. Mantén un record de tus logros
Escribe un listado de tus logros. Si lo haces en un formato mensual,
podrás ver todo lo que has logrado en un mes. Tu puedes sorprenderte a
ti mismo (a) por todo lo que has logrado. Si tus logros no son muchos,
posiblemente estás concentrando tu tiempo en actividades poco
productivas y tu energía va en todas direcciones.

3.Enfócate en lo que Dios quiere que suceda antes de enfocarte en tu
propio deseo. ¿Qué deseas obtener? Muchas veces estamos tan
empecinados en resolver un problema, que perdemos de vista nuestro
objetivo o meta original.

Evita preguntarte: “¿Por qué esto me está pasando a mí?”. Preguntas
como estas te mantendrán enfocado en sentirte víctima. Lo importante es
enfocarse en las siguientes preguntas:
– Que quiere Dios para mi, que me está diciendo a través de esta
situación?
– ¿Qué debo entonces hacer en forma diferente esta vez?
– ¿Qué necesito hacer para llegar ahí?

4. Soluciones Múltiples
Siempre tienes opciones. Sólo necesitas hacer una tormenta de ideas
para encontrarlas. Oblígate a encontrar 8 posibles soluciones a cada
problema con el que estas lidiando y sólo con el hecho de listarlas ya te
sentirás mejor. Ahora, con tu lista de soluciones ora primero para ver
cuál de esas quiere Dios para ti o quizás es una en la cual no has
pensado.

Una vez que sientas la orientación que solo Dios te puede dar, entonces
estarás en condiciones de tomar acción.

5. Toma acción. Cuando la frustración es grande, tendemos a no querer
seguir intentándolo más. Es difícil, es frustrante, y vamos hacia ningún
sitio, de manera que cualquier cosa que pueda evitar ir en esa dirección
es mucho más atractiva. Necesitas mantenerte dando pasos hacia
delante, así tendrás más posibilidades de sobreponerte y pasar la
tempestad. Thomas Edison dijo: “Muchas de las personas que
fracasaron, nunca se dieron cuenta cuan cerca estaban del éxito al
momento de abandonar”

Solamente tomando acción comenzarás a moverte en la dirección
correcta, y probablemente te darás cuenta que te estabas preocupando
sin razón.

6. Visualiza una solución positiva para el problema.
Muchas veces invertimos gran cantidad de nuestro tiempo pensando en
lo que pudiera salir mal. Los atletas profesionales se imaginan
compitiendo, en situaciones difíciles y siempre ganando. No hay espacio
para el fracaso en sus mentes.

Tú también necesitas enfocarte en tu éxito. Imagínate alcanzando tu
meta. ¿Cómo luciría? ¿Qué sentiría? Toma tu tiempo para visualizarla y siente
el momento.  Pídele a Dios la inspiración para visualizar y mantenerte enfocado en tu
presente, teniendo una visión clara hacia el futuro.

7. Mantente positivo (a) a través de tu Fe siempre.
Casi siempre, las cosas no son tan malas como aparentan. Hacer una
pausa y siempre recordar mantener el sentido del humor puede ayudar.
El tiempo de frustración pasará. Una mente positiva alimentada en la Fe
en Dios, te permitirá siempre encontrar las preguntas correctas a los problemas y como
consecuencia las respuestas estarán llenas de esperanzas.

Solo Dios tiene un plan perfecto para ti, no trates de cambiarlo, porque
entonces no lograrás entender cuál es el verdadero éxito a través de los
retos.

Bendiciones!!!

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